Empiezo escribiendo, escribiendo lo primero que se me pasa por la cabeza, diciendo lo que creo o no correcto o como me hace sentir la batalla constante entre corazón y cerebro. (Y dado que soy rubia, ambos sabemos cual gana siempre.. )
Empecemos por el principio.. Nacemos. Ni elegimos donde, ni cuando, ni nuestro propio nombre, nada.. Simplemente nacemos.
Crecemos en el entorno que nos ha tocado, sea caluroso, frió, trópico o Nárnia.
Nos relacionamos.. Somos seres sociables, necesitamos siempre a alguien. Hasta el ser más marginado de la sociedad tubo que tener una madre que lo amamantara, o un hermano que lo enseñase a caminar, o un amigo para que le procurara el cómo a decir las cosas que piensa.
Reproducción. Aquí es cuando la cosa se complica.
Estamos empeñados en buscar la persona perfecta, que sea atento, guapo, que escuche, que nos comprenda, etc.. Cuando somos tan egoístas que ni nos hemos parado a pensar que nosotros no seremos la persona perfecta para el o ella..
El último y el más dulce y a la vez amargo de los pasos, la muerte.
Dejamos hueco en esta vida para que otro nuevo ser la ocupe, dejamos atrás todo lo vivido, las buenas y las malas experiencias, esas luchas constantes con uno mismo, esas discusiones de pareja, los malos ratos causados por un corazón desesperado y roto.. Pero también a ver su sonrisa, los primeros pasos de tu hijo, la primera vez que le oyes decir mamá o papá, el caerte y volver a levantarte no 100, sino 1000 veces sin tan siquiera lamentarte, solo limpiarte las heridas y seguir caminando, quedándote así una fría cama eterna para tu cuerpo inmortal, y un nuevo inquilino para tu alma.
Es curioso, como ya digo antes, toda tu vida dependerás de alguien, y cuando dicen que mueres solo, perdona pero no me lo creo.. Yo creo en el karma, y si haces cosas buenas, te sucederán cosas buenas..
Al igual que tus padres estuvieron ahí cuando naciste, tus hijos estarán sujetándote la mano cuando te vayas.

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