En ese momento, volviste a atrapar mi tristeza para esconderla en tu bolsillo. De
nuevo, arrancaste de mi jardín de sueños las pesadillas y lo llenaste de
esperanzas.
Desde entonces
y hasta ahora, sigo rendida de amor por todo aquello que te pertenece y llena
de celos por todo aquello que te roza quitándome el derecho a un pedacito tuyo.
Haces que me sienta viva en cada instante que el reloj mueve sus agujas, y que
no quiera despertar cuando no es a tu lado, pues sólo deseo prometerte y
jurarte por mi propia vida que pase lo que pase voy a seguir amándote cada uno
de los días que esté en este mundo.
¿Recuerdas
ese primer beso? Esa primera sonrisa que me regalaste cuando nuestros labios se
unieron por primera vez, y cómo deseé no volver a ver otro atardecer que no
fuera en tu compañía. Y es que, cariño, no tengo nada cuando no te tengo… En
tus ojos he visto la muerte y también la única forma de seguir viva.
Mi pecho
parece un colador y pierdo amor a borbotones cada vez que me besas cada marca,
cada lunar y en cada cicatriz, ya que sabes que daría todo lo que tengo y
arrasaría el mundo entero porque nuestra piel fuera lo único que nos limitara.
Y es que
sigues aquí, entregándome la vida en cada suspiro, suplicando por mis besos sin
saber que ni siquiera tienes que pedirlos, porque son tuyos... Porque yo ya no
soy mía, sino tuya.
Juro
hacer de tus lunares mis estrellas y que, puede que no sea lo mejor del mundo,
pero no dudes ni un segundo que daría mi mundo entero porque nunca faltara una
sonrisa en tu rostro.
Definitivamente
me declaro fan del desorden que me provocas y adicta a cada milímetro de tu
infinito cuerpo. Gracias por hacerme pensar que el celebro también puede estar
en el pecho y que en tus brazos el mundo tiene sentido.
No hay comentarios:
Publicar un comentario